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De partidos y organizaciones

Las encuestas publicadas por El Financiero rumbo a las elecciones en el Estado de México y Coahuila dan ventaja a Morena. Las oposiciones deben tener los focos rojos prendidos ante los comicios de 2023. Juntar membretes no necesariamente suma votos. Las oposiciones deben construir una narrativa que motive a la población a votar. Altos índices de participación pueden dar paso a victorias electorales de las oposiciones. La narrativa de Morena la hace AMLO desde la mañanera, aunque resultados y discurso no se acompañan, lo cierto es que mantiene la esperanza de cambios que no logrará concretar.

Pero como la esperanza muere al último y siempre hay una razón para lo inexplicable, la comunicación política de AMLO es impecable. Las oposiciones, como ya sabemos, no tienen acceso a radio o TV como lo tiene el gobierno, que además ha tomado medidas para cercar o desaparecer de medios a periodistas críticos, a los que descalifica y amenaza desde las mañaneras.

Son las redes sociales el mejor vehículo para las oposiciones. El problema es que su narrativa se agota en dos temas, ser contestatarios de AMLO, o descalificar a los liderazgos partidistas y las organizaciones de la sociedad civil. Desde luego que ni Alito, ni Cortés son líderes que conjunten voluntades al interior de sus propios partidos. Cambiar dirigencias puede ser conveniente, pero también entraña problemas de organización interna para reconstruir las alianzas y el tiempo es corto. Así que pese a protestas internas parece que se sostendrán en las dirigencias. Van a seguir siendo atacados además por el gobierno y su maquinaria que busca romper alianzas.

Las organizaciones de la sociedad civil, también son atacadas por el gobierno. Lo mismo feministas, que grupos de space, que comunidad LGBTT+, que movimientos que protestan contra políticas públicas, contra la delincuencia, las desapariciones forzadas, los asesinatos y los feminicidios, son descalificados como neoliberales y no hay diálogo alguno que tienda puentes para atender problemas de seguridad, empleo, guarderías, refugios, en fin.

Las acusaciones de senadores republicanos y demócratas de EEUU, que calificaron a AMLO de aliado del narcotráfico, si bien no han presentado pruebas, los abrazos y no balazos, aportan elementos. Lo mismo que el saludo “casual” a la mamá del Chapo o el pésimo operativo para atrapar al hijo, que tras supuestas amenazas fue liberado. Y luego, sus declaraciones en el sentido de que cuando un grupo del narco domina una región disminuye la violencia. Falta que vea lo que sucede, por ejemplo, en Valle de Bravo, donde un grupo domina y secuestra, cobra derechos de piso, roba impunemente, amenaza negocios, aleja turismo, y se adueña de un pueblo mágico que tenderá a desaparecer. Eso sí, bajo la vigilancia de la Guardia Nacional.

Ciertamente no hay propuestas de narrativas de la oposición. Es solo derrotar a Morena. Pues no es tema. Porque la pobreza, el combate a la corrupción, la transformación de la justicia, las becas y las ayudas son aspectos que consolidan el apoyo social, pese a la casa gris, el avión, y los videos de sus familiares recibiendo recursos, que no hacen mella a un mensaje repetitivo, sencillo, que logra ser verdadero, de un enemigo único, responsable de los fracasos, de posibles conspiraciones, un lenguaje populista que apela a “otros datos”, polarizante que busca los odios de clase, que acalla críticos y se autoerige como el pensamiento unánime en México.

Por eso, las oposiciones deben encontrar otra narrativa frente a los excesos del poder. La alianza opositora no es regresar al pasado, es combatir corrupción, narcotráfico, homicidios dolosos y feminicidios. Es recuperar un sistema nacional de salud y de educación. Pero sobre todo, hacer entender a los abstencionistas que su voto cuenta para formar un nuevo gobierno de coalición.

La coalición implica nuevos equilibrios entre los poderes, requiere de una participación social activa, de organizaciones de la sociedad civil que ayuden a elaborar políticas públicas sobre sus causas, nadie conoce mejor un problema que quien lo padece. La coalición obliga a que las fuerzas política representadas y la sociedad construyan acuerdos, tomen decisiones informadas, aprovechen mejor los recursos públicos, orienten al país hacia nuevos gobiernos donde ya no exista un tlatoani que todo quiere controlar y nada funciona. Es avanzar a nuevas formas de parlamentarismo para ir desterrando las prácticas de un Ejecutivo desbordado con capacidades metaconstitucionales, que destruye instituciones y doblega a los poderes.

Esa es una oferta viable y creíble. Implica, desde luego, contar con un candidato de unidad. Hoy no existe un personaje, hombre o mujer, que se perfile como una opción ganadora. Es pues necesario construir un candidato y legitimarlo. Un programa claro y viable para un gobierno de coalición, con la toma de acuerdos y las consultas con la sociedad civil organizada. ¿Cómo lograrlo?

Mediante la participación en partidos y en organizaciones de la sociedad civil. Nos guste o no legalmente son los partidos quienes proponen candidatos. Que no lo hagan solos. Que no sean negociaciones en un círculo cerrado, con encuestas cuchareadas o no, que se abra a la ciudadanía la elección, que se elija a la mejor candidatura tras ejercicios de debate público, donde triunfe el mejor argumento y se consolide un liderazgo.

Hay poco tiempo, pero ya muchas organizaciones civiles están presionando a los partidos, buscando opciones, construyendo propuestas, tratando de que Dante Delgado con MC se una a la coalición y no ayude a Morena a ganar elecciones, fragmentando el voto, aun cuando su interés partidista sea válido. Porque en 2024 se juega un proyecto de nación, no es una elección, es avanzar en democracia o afianzarse en el autoritarismo. Tu voto es tu arma. ¿Cómo la usarás?

Publicado originalmente en De partidos y organizaciones

Aaron Whitson

Aaron tiene más de 6 años de experiencia en la industria de las noticias en línea. Empezó como redactora de contenidos para varias organizaciones de noticias de todo el mundo, hasta que consiguió el puesto de editora en Investor Opinion. Lisa es licenciada en Ciencias Políticas.

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