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El poder (y la impunidad) de los comités cívicos en Bolivia, el 'brazo desestabilizador' de la oposición contra el Gobierno de Arce

Los comités cívicos han estado presentes en la política boliviana desde hace varias décadas y, al parecer, se mantendrán en ella muchos años más.

A diferencia de lo que puede pensarse desde el exterior, donde se acostumbra a relacionar estas figuras con protestas, disturbios, brotes racistas o golpes de Estado, resulta que realmente los comités cívicos son mucho más que eso: tienen un profundo enraizamiento y más que grupos aislados son instituciones dentro de varios departamentos bolivianos, especialmente en Santa Cruz, pero también en Potosí, Pando, Beni, Tarija y Chuquisaca.

Por ello, para analizar la derecha boliviana, y también la oposición al actual presidente Luis Arce –así como a su antecesor Evo Morales–, hay que comprender que estos comités cívicos son organizaciones que no están sustentadas en el aire, sino que desde mediados de siglo pasado están construyendo institucionalidad y en los espacios que dominan tienen bases de apoyo que se movilizan con firmeza. Entre otros episodios, habría que recordar las proclamas separatistas que proponían una media luna territorial que se separara de Bolivia en 2008, en la que ellos fueron protagonistas.

El tema étnico es de primer orden en Bolivia y estos comités forman parte del polo conservador que ve con recelo, históricamente, a los indígenas. 

A escala nacional, los comités cívicos no solo son minoritarios, son también la muestra más fehaciente del racismo que impera en el orden establecido. 

Más que un grupo o partido es una organización ciudadana que reúne a empresarios, profesionales, ganaderos, transportistas, medios y periodistas. Estos gremios tienen representantes en la estructura de los comités cívicos, que agarraron vuelo en la política muchos años antes del triunfo de Morales, especialmente en su denuncia y movilización contra la centralización y por demandas regionalistas.

Sin embargo, ha sido después del mandato de Morales que esta institucionalidad comenzó a segregar públicamente su odio contra el campesinado, los indígenas y la propuesta de cambio que ofertaba quien fuera presidente desde 2006. A partir de allí, los comités cívicos se constituyeron en el pivote movilizador de la oposición.

A escala nacional, los comités cívicos no solo son minoritarios, son también la muestra más fehaciente del racismo que impera en el orden establecido. El actual gobernador y expresidente del comité cívico de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, es ya famoso por haber sido la punta de lanza del golpe de 2019. Llegó prácticamente sin esfuerzo al Palacio de Gobierno, cuando Morales ya había renunciado, con Biblia en mano e impulsando el linchamiento de los líderes del Movimiento al Socialismo (MAS). Sin embargo, en las presidenciales de 2020 sacó apenas 14 % de los votos nacionales contra 55 % de Luis Arce.

A pesar de su pública postura golpista y anti-indígena, el Gobierno de Bolivia no ha podido enjuiciarle, lo que es una de las principales demandas de los líderes y las bases de los movimientos indígenas y sindicales y también muestra de su debilidad. Hace pocos días, el comité cívico potosinista declaró al presidente persona ‘non grata’.

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Aaron Whitson

Aaron tiene más de 6 años de experiencia en la industria de las noticias en línea. Empezó como redactora de contenidos para varias organizaciones de noticias de todo el mundo, hasta que consiguió el puesto de editora en Investor Opinion. Lisa es licenciada en Ciencias Políticas.

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